Roberto Saviano denuncia en un libro a La Camorra con nombres y apellidos.

La mafia napoli­tana per­sigue al autor de ‘Gomorra’, que ahora edita Debate, por infil­trarse en su orga­ni­zación Ase­gura que en España se ‘blan­quean’ grandes capitales

Tomás Gar­cía Yebra

MADRID. DV. «Cuando tenía doce años vi un hom­bre acribil­lado a bal­a­zos. Regresaba del cole­gio, con unos com­pañeros, y algunos se pusieron a llo­rar. Un policía estaba junto al cuerpo. Nos miró y escu­pió sobre él. ‘Era un cerdo’, dijo». El suceso se le quedó grabado para siem­pre al escritor y peri­odista Roberto Saviano, autor de Gomorra (Debate), un libro del que lleva ven­di­dos más de 700.000 ejem­plares. «Alguien que no viva en Nápoles no lo puede imag­i­nar, pero hay que decirlo bien alto: esta es una ciu­dad donde se pro­duce una media de tres asesinatos diar­ios; en lo que lle­va­mos de año ha habido ya más de cien».

El puerto de Nápoles, según el autor, es «un gigan­tesco y clan­des­tino» almacén donde se trafica con toda clase de pro­duc­tos, desde telas chi­nas y video­jue­gos hasta relo­jes de marca, ropa y droga. A través de este puerto, cuya activi­dad es «tan sig­ilosa como frenética», se dis­tribuye la mer­cancía por el resto de Italia y por medio mundo. «Hace dos años, en 2005, me infil­tré como tra­ba­jador en va– rias empre­sas que están al ser­vi­cio de los grandes capos de La Camorra; quería cono­cer cómo operan, cuáles son sus conex­iones, cómo se escon­den, quienes les defien­den». Las con­clu­siones no fueron alen­ta­do­ras. «La cadena del crimen orga­ni­zado en Nápoles tiene tan­tas ram­i­fi­ca­ciones que salpica a casi todos los esta­men­tos», explica este escritor de 28 años, quien actual­mente se encuen­tra bajo pro­tec­ción poli­cial por las ame­nazas de muerte que ha recibido de algu­nas famil­ias de su ciu­dad. «No sé si una denun­cia como la mía vale para algo, pero no podemos cer­rar os ojos; las deci­siones políti­cas en mi país vienen deter­mi­nadas por el peso económico que gen­era la activi­dad crim­i­nal; esto resulta den­i­grante para un pueblo que pertenece a la Unión Euro­pea». A juicio de Saviano, el espec­táculo en Italia no hay que bus­carlo en la torre de Pisa, ni en el Col­iseo, ni en el esta­dio de San Siro. «Unos cuan­tos días en el puerto de Nápoles, obser­vando. No hay mayor espec­táculo que ése». Cer­rar los ojos Se lamenta de que se ase­sine a gente –prác­ti­ca­mente todos los días– y la noti­cia no tenga trascen­den­cia nacional.

«Con­siguen, incluso, pasar desapercibidos ante los medios de comu­ni­cación; les dan un tratamiento de crónica negra, de ajustes de cuen­tas, de crímenes vul­gares y de poca monta, pero en real­i­dad son asesinatos rela­ciona­dos con el engranaje económico de todo un país; esto no se quiere ver, pre­fieren mirar hacia otro lado, tanto los de arriba como los de abajo». La trascen­den­cia de lo que ha escrito lo percibió una mañana en su pro­pio bar­rio. «¿Te impor­taría com­prar el pan en otro sitio?», le sugirió el panadero, un hom­bre al que conoce desde hace mucho tiempo. «A par­tir de entonces asumí que muchos ami­gos y cono­ci­dos me mirarían de forma dis­tinta». Ase­gura que impor­tantes can­ti­dades de dinero que mueve la camorra se blan­quean en España. «A la Costa del Sol la lla­man la Costa Nos­tra». Las islas Baleares y Cataluña tam­bién son lugares «intere­santes» a la hora de realizar inver­siones. «España no es un país duro en el con­trol del trá­fico clan­des­tino; por Gali­cia y por Madrid entra buena parte de la cocaína que se dis­tribuye al resto de Europa». Licen­ci­ado en Filosofía y Letras, el mod­elo lit­er­ario de Saviano es el escritor norteam­er­i­cano Tru­man Capote. «Para con­tar la ver­dad hay que recur­rir a ele­men­tos de fic­ción; es como mejor puedes trans­mi­tir lo que pasa en el mundo». A san­gre fría, de Capote, es en su opinión «una nar­ración mag­ní­fica, casi insuperable».