Luis Alemany
MADRID.- Por culpa de sus poderosos enemigos, el escritor napolitano Roberto Saviano no atiende a los periodistas en la oficina de su editorial, sino en un bien protegido hotel de Madrid. ¿Su pecado? Un libro llamado Gomorra (editorial Debate), crónica personal de su militancia en la camorra de su ciudad (el «sistema» según la llaman sus miembros) repleta de nombres propios y secretos inconfesables. Suficiente como para que el autor (sólo 28 años) viva condenado a la clandestinidad. «Quiero llevar una vida normal de escritor. No soy un juez antimafia para aguantar esto. Pero sé que es difícil» Saviano habla con la delicadeza de un licenciado en Filosofía e introduce citas de Arendt, Keynes y Maquiavelo en su libro. Cuesta imaginar un muchacho así en los sordidísimos escenarios de barrios como Secondigliano o el del Tercer Mundo (donde un enorme graffiti advierte a los visitantes «Éste es el Barrio del Tercer Mundo. No entréis»). «Vengo de una familia burguesa, es verdad. Pero ni eso ni la universidad te libran en Nápoles de tener contacto con la criminalidad en sus dos niveles: el de los soldados y el de los políticos y los empresarios», explica Saviano. «Mis amigos de la carrera estaban en el sistema. No había diferencias antropológicas entre nosotros. Compartíamos gustos, intereses… Luego, cuando quise comprender qué pasaba, me quedé solo. Hoy conservo algunos amigos pero no hablamos de este tema. En cualquier caso, me dan más miedo los camorristas que están en la política que los sicarios que asesinan por 2.500 euros». Destino trágico Gomorra sirve, entre otras cosas, para hacer un retrato moral de la camorra. «Existe un simulacro de conciencia ética de lo que es el sistema. Los bosses se reprochan unos a otros cuando abusan de la violencia, como si no lo hicieran ellos mismos. Uno de ellos, Antonio La Torre, que es psicólogo y se pasa el día citando a Lacan, mandó asesinar a los enfermos de sida de su zona por moralidad, para salvar a los suyos de la enfermedad». «Los jefes se sienten esclavos de un destino trágico», continúa Saviano. «Saben que, por mucho poder que tengan, acabarán mal. Algunos renuncian a tener familia y todos sueñan con que sus hijos no formen parte de la lucha armada». ¿Y la infantería? «Muchos de ellos son terribles de verdad. Fieros, violentos porque sí. El libro tuvo mucho éxito entre ellos aunque creo que sólo me leían por el placer de reconocerse. Otra cosa es que ahora los niños tienen a alguien que les diga lo que es la camorra». En España, por cierto, tampoco estaría mal que nos diésemos por enterados de lo que es la Mafia. «Los españoles no perciben que están rodeados de cárteles de América Latina y de Italia. Pero esto está infestado de su dinero. ¿De dónde creen que viene el dinero de la construcción? La Mafia llama a la Costa del Sol la Costa nostra».