16 September 2007
ROBERTO SAVIANO: «La mafia es el liberalismo radical. El beneficio justifica todo. Incluso matar»
Un millón de ejemplares en Italia y ‘best seller’ en Alemania, Holanda y España. Roberto Saviano ha logrado que ‘Gomorra’, un relato real sobre la Camorra, la mafia napolitana, conmocione el mundo editorial. Y su vida. No tanto por contar sus c
Desde que Roberto Saviano nació hace ahora 28 años,
XLSemanal. Aunque resulte duro, tras leer su libro, la pregunta es: ¿cómo es que todavía está usted vivo?
Roberto Saviano. Quizá porque llevo tres guardaespaldas las 24 horas del día y viajo en un coche blindado [risas]. No, en realidad, los que han convertido el libro en peligroso son los lectores. Si mi libro no estuviera en manos de miles de lectores, no sería peligroso. Los criminales creen que el mecanismo de lo que hacen no interesa a la gente. El verdadero peligro para ellos es que la gente llegue a entender cómo funcionan, pero no en el aspecto, digamos, folclórico, el militar, sino en los negocios.
XL. Pero ha conseguido la atención de los lectores y los medios y no sólo en Italia, sino internacional y estos tipos no suelen tolerar enemigos…
R.S. Sí, ha habido amenazas expresas.
XL. Pero esa visita a Casal di Principe a dar una conferencia fue criticada, vista como una provocación, ¿no era meterse en la boca del lobo?
R.S. Era fundamental para demostrar que ellos no pueden decidir quién entra y quién sale, la suerte de una persona, para decir que no tenemos miedo.
XL. ¿Cómo empieza a interesarse por la mafia?
R.S. Nací en Nápoles. Es difícil no interesarse. Pertenezco a una familia burguesa y, en cierto modo, binaria. Mis padres están divorciados desde mi infancia. Mi madre es química, una mujer de laboratorio. Y mi padre, médico, está interesado por la vida ‘real’, por cómo sobrevivir. Cuando terminé de estudiar, hice varios trabajos precarios: en una cantera, en el puerto… Entonces, me encontré con un profesor, Francesco Barbagallo, un historiador de
XL. ¿No tiene un contacto directo con
R.S. No, mi infancia fue ‘normal’ [risas]…
XL. Cuenta en el libro que encuentra su primer cadáver en la calle con 13 años, no es muy normal, ¿no?
R.S. Aquí es fácil. Pasaba mucho durante la guerra de
XL. Pero ¿no se supone que
R.S. Eso es lo que tiene de bello, de sutil. Y es retorcido porque ellos, de verdad, no lo consideran Camorra. Para ellos es una empresa que usa todos los medios para triunfar, incluso los armados. ¿Qué es Camorra para ellos? Robar a una anciana, extorsionar con una pistola sin dar nada a cambio, sin prestar un servicio… eso es Camorra. Y me dicen: «Aquí no es así. Aquí es business, se prestan servicios y se siguen unas normas».
EL SISTEMA
XL. Denuncia en su libro que el mundo de la moda está absolutamente vinculado a
R.S. Pero no es porque las firmas de moda sean parte de la mafia. No es una extorsión directa al empresario, es parte del sistema. Las grandes marcas no se enfrentan a los clanes por razones operativas; tendrían que renunciar a la mano de obra barata y a muchos puntos de venta, porque
XL. Confieso que estoy tentada de preguntarle dónde los venden. Como usted dice, «los actos poseen una elasticidad de la que los juicios éticos carecen».
R.S. [Risas] Todos formamos parte del sistema. Los nuevos objetos de contrabando son los productos de uso cotidiano. No es suficiente con trasladar la producción al Este o a China para abaratar la mano de obra. Los aranceles, el IVA, los límites de carga máxima de los camiones... todo eso limita el beneficio. Y eso es lo que la mafia puede saltarse. Consigue así que los precios sean más bajos y los beneficios, mayores.
XL. Pero no sólo la industria textil; según cuenta, afecta a todo, y hay que reconocerles el olfato para los negocios porque fueron pioneros en adentrarse en el mercado oriental.
R.S. Es así: el boss de Secondigliano, Paolo di Lauro, llegó a China a comprar cámaras de fotos diez años antes de que Cofindustria iniciara relaciones comerciales con Oriente.
XL. También fueron pioneros en los países del Este…
R.S. Hay una conversación grabada entre un jefe mafioso y uno de sus hombres nada más caer el muro de Berlín. Le pide a su hombre que compre propiedades en el Este y él le pregunta qué debe comprar. «Tutto, tutto, tutto», es su respuesta. Y lo compraron todo. Los clanes secondiglianeses dominaron totalmente
XL. Controlan especialmente el negocio de la construcción…
R.S. La construcción es un negocio perfecto para la mafia. Ganan en todas las fases
XL. Con ese volumen de negocio es comprensible por qué
R.S. Es una estructura horizontal, mucho más flexible que la de
XL. Pero siguen necesitando la connivencia de los políticos...
R.S. No tanto. Los clanes de
XL. La orientación empresarial de la mafia queda clara cuando usted dice que los chavales de la mafia no quieren ser Al Capone, sino Flavio Briatore.
R.S. Es que ellos quieren ser empresarios de éxito. Es la lógica de la burguesía liberada de todo freno. Lo quieren todo y deprisa. A cualquier precio. La lógica de los boss es la del neoliberalismo más radical. El beneficio lo justifica todo. La ética es el límite del perdedor.
TESTIGO DIRECTO
XL. En su libro sorprende la cantidad de información que maneja y no sólo por los datos, sino porque está en todas partes, es testigo del contrabando en el puerto, de los accidentes en la construcción, de los asesinatos...
R.S. Es fácil. Basta con seguir la señal de radio de
XL. Lo que desencadena esa guerra es el enfrentamiento entre el clan Di Lauro y los llamados Los Españoles, porque residen en España. En su libro queda claro que la mafia opera abiertamente en España…
R.S. Llevan muchos años en España. Llegaron en los 70 y
XL. Y el islamismo radical. ¿Tiene relación con
R.S. Yo creo que es evidente por qué Al Qaeda no atenta en Italia. No les interesa lo más mínimo atacar su base de operaciones. Hay muchos datos e investigaciones que vinculan a Italia con el terrorismo islámico.
XL. La faida de 2004, especialmente violenta, ocupa gran parte de su narración. Cuenta cómo en dos meses matan a decenas de personas y, mientras ocurre, hasta las mujeres dejan de llevar tacones para poder correr…
R.S. El miedo se mete debajo de la piel. A una guerra no declarada corresponde un miedo no declarado. Pero está ahí.
XL. Sin embargo, usted no parece tener ningún miedo. Al contrario. Su comportamiento es de una gran osadía, por no decir temeridad. Entra, pregunta, incluso llega a sacar una grabadora con unos chicos de la mafia.
R.S. No tiene ningún mérito. Es una realidad muy abierta porque nunca se han sentido en peligro, amenazados por algo externo. Vas y puedes andar sin problemas. No en Casal di Principe, pero sí en Scampia. Aunque seas policía, si los grabas, ¿qué puedes hacer? Son críos, no hay pruebas de lo que cuentan, luego se desdicen y ya está. Además, yo les tenía acostumbrados a mi presencia. Me he dejado ver mucho tiempo, para que no pensaran que era un infiltrado, pero no de
XL. ¿Cómo decidió estudiar Filosofía y se hizo reportero?
R.S. Siempre me interesó la literatura, Giordano Bruno, el filósofo napolitano, y andar por mi tierra en Vespa: es increíble los restos de historia que hay aquí. La épica y el poder, siempre me interesaron. Y, ahora, el verdadero poder y la leyenda son ellos, los mafiosos. Reconozco que en un primer momento me sentí fascinado por ellos, pero luego he querido desmontarlo. No negarlo, desmontarlo. Ten en cuenta que cuando yo iba al colegio, Sandokan [el boss Francesco Schiavone] era un mito absoluto. Cuando lo detuvieron y se retransmitía su declaración en el tribunal por videoconferencia, nadie iba a la escuela para poder ver a Sandokan, quien, cuando era joven, para hacerse con el poder, estranguló con una sola mano el cuello de su enemigo hasta matarlo y lo hizo así porque de esa forma lo hacían los romanos. Todo eso es parte del mito.
XL. ¿Y no cree que su libro contribuye precisamente a reforzar ese aspeco épico, quizá a mitificar a esos criminales?
R.S. Si yo hubiera contado sólo el aspecto militar, quizá, pero me he centrado en el aspecto económico, en contar que funcionan como un mecanismo de finanzas no muy diferente de cualquier otro. Mi voluntad era dejar de hablar de la criminalidad como tal y mostrar que ellos son los emprendedores de mi tiempo. No hay otra cosa que comercio y muerte. La muerte no es un riesgo. Es parte del destino. Cuando un crío se convierte en camorrista, se convierte en alguien importante, respetado ¿Por qué? Porque no tiene miedo de la muerte.
XL. En su libro sorprende la cantidad de escenas ‘de película’ que hay, desde el jefe mafioso que le hace beber a otro su orina hasta torturas que exceden la imaginación de Tarantino…
R.S. Me interesa mucho contar a través de esos símbolos. Yo he crecido en una tierra de símbolos. Pero son sucesos reales. De hecho, cuando la gente lee el libro, hay dos cosas que me dicen: o «es increíble» o «eso lo sabe todo el mundo».
XL. También se le critica por oportunista…
R.S. De la primera edición se imprimiron 5.000 ejemplares y recibí un anticipo de 5.000 euros. ¿Oportunismo? No. ¿Ambición? Sí, muchísima. ¿Decisión clara de enfrentarme a ese poder? Sí. ¿Hacerlo por una cuestión personal? Verdad. La rabia no es necesariamente un móvil noble. Pero mueve.
XL. ¿Y contactó con las editoriales?
R.S. El editor contactó conmigo. Publiqué un relato en una revista y al editor de Mondadori le interesó y me llamó. Le mostré la documentación que tenía y le impresionó. Creo que la clave está en que yo tenía una mirada distinta y no tenía miedo a equivocarme. Pero tenía claro que quería hacer un libro que cambiase algo. Antes de Gomorra, vender 3.000 ejemplares de un libro sobre la mafia ya era un éxito nacional. Ahora, todos los editores quieren un libro sobre
XL. ¿Y qué pensaron su familia y sus amigos cuando les dijo que iba a escribir este libro?
R.S. Al principio no hubo problema. Se han empezado a preocupar cuando ha tenido éxito. Muchos amigos han desaparecido.
XL. ¿Por miedo?
R.S. No tanto. Más por la dificultad de relacionarse con alguien que lleva esta vida. Algunos me recriminan que me he jugado su afecto, su amistad, por esto. La vida se hace complicadísima.
XL. ¿Se arrepiente de haber escrito el libro?
R.S. La volvería a escribir. Pero en un momento en que estaba muy preocupado por la presión que sufría mi familia dije que, si volviese a empezar y si ellos me lo pidiesen, no lo escribiría.
XL. ¿Sabe si los mafiosos leen su libro?
R.S. A un boss le encontraron en su celda mi libro y le preguntaron qué opinaba. Dijo que no contaba nada importante y que ya había mandado a su gente que no lo comprasen. Un amigo que tiene una librería me cuenta que los críos, los pali, entran en la librería asustados, porque una librería los asusta, y lo ojean buscando nombres que conocen o los suyos propios. Y se van.
XL. Un boss ha llegado a amenazarle por escrito, «el tempo e lungo», ha dicho. La mafia tiene paciencia y memoria...
R.S. No me inquieta, la verdad.
Ana Tagarro
16 September 2007
